Estudios recientes han demostrado que el dolor de espalda crónico, el dolor de cuello, los síntomas de fibromialgia, las lesiones por esfuerzo repetitivo, los dolores de cabeza y otras formas de dolor crónico a menudo no son el resultado de causas estructurales, sino de procesos psicofisiológicos que pueden revertirse.1,2,3 Esto se conoce como dolor neuroplástico.
El dolor es una señal de peligro. Normalmente, cuando nos lesionamos, el cuerpo envía señales al cerebro informándonos del daño tisular y sentimos dolor. Pero a veces, ¡el cerebro puede cometer un error! El dolor neuroplástico se produce cuando el cerebro malinterpreta los mensajes seguros del cuerpo como si fueran peligrosos. En otras palabras, el dolor neuroplástico es una falsa alarma.
Aunque el dolor puede abordarse psicológicamente, esto no implica que sea imaginario. De hecho, estudios de imágenes cerebrales han demostrado que es bastante real.4 Investigaciones recientes han demostrado que el dolor suele ser el resultado de vías neuronales aprendidas en el cerebro.5 Y así como el dolor se puede aprender, también se puede desaprender.
1. Castro WH, Meyer SJ, Becke ME, Nentwig CG, Hein MF, Ercan BI et al. (2011). ¿Sin estrés, no hay latigazo cervical? Prevalencia de síntomas de latigazo cervical tras la exposición a una colisión trasera placebo. Revista Internacional de Medicina Legal, 114, 316-22.
2. Bigos SJ, Battié MC, Fisher LD et al. (1991). Estudio prospectivo de las percepciones laborales y los factores psicosociales que influyen en el reporte de lesiones de espalda. Spine, 16(1), 1-6.
3. Baliki MN, Petre B, Torbey S, Herrmann KM et al. (2012). La conectividad funcional corticoestriatal predice la transición al dolor de espalda crónico. Nature Neuroscience, 15, 1117-1119.
4. Derbyshire SW, Whalley MG, Stenger VA, Oakley DA. (2004). Activación cerebral durante el dolor inducido e imaginado hipnóticamente. Neuroimage 23(1), 392-401.
5. Hashmi JA, Baliki MN, Huang L, et al. (2013). Dolor que cambia de forma: la cronificación del dolor de espalda modifica la representación cerebral de circuitos nociceptivos a emocionales. Cerebro, 136 (Parte 9), 2751-2768.